Durante la Guerra Fría, el epítome de la paranoia, uno de los factores que más contribuyó a que no se calentara fue paradójicamente el espionaje; la capacidad que tenían tanto la URSS como los EEUU de comprobar con datos propios cuáles eran las intenciones y acciones del adversario. Los vuelos a gran altura d aviones espía, y sobre todo las imágenes de satélite sirvieron para evitar malentendidos entre las superpotencias, y para que éstas comprobaran que lo que la otra decía era o no cierto. Porque el mejor refuerzo posible para la confianza mutua es la capacidad de comprobar. Hoy esa capacidad está también a disposición del público en general, y los gobiernos menos saludables están descubriendo el potencial de la transparencia. Imágenes comerciales de satélite están sirviendo a organizaciones de derechos humanos como Human Right Watch para documentar y denunciar atrocidades contra la legislación internacional que ocurren dentro, muy dentro de fronteras; realizadas por gobiernos que confían en la oscuridad para ocultar sus crímenes, y que hace años hubiera podido salirse con la suya. Pero ya no: ahora la transparencia es para todos.
Se ha convertido en una herramienta imprescindible para utilizar Internet; es una empresa gigantesca con ingentes ingresos (uno de sus fundadores tiene para pagarse un viaje al espacio) cuyas decisiones influyen de modo determinante en el futuro del conocimiento; su nombre se ha convertido en verbo, y es utilizado para las más increíbles funciones. Y ahora Google recibe premios de comunicación, así que la pregunta que se hacen algunos es más que relevante: ¿y si el buscador por antonomasia nos está haciendo literalmente más estúpidos? ¿Y si su influencia en la mente humana es negativa? ¿Y si los hábitos que crea en nosotros, las modificaciones que genera en nuestras mentes, nos hacen menos listos, menos capaces de pensar a largo plazo, menos inteligentes?
La discusión es tan antigua como los bisontes de Altamira, o el nacimiento de la escritura cuneiforme; arreció en la Era Antigua y en la Edad Media, y enfrenta a dos modelos diferentes de en qué consiste la inteligencia. Para unos inteligencia es disponer en la cabeza de los datos que se precisan cuando se precisan; desde este punto de vista el almacenamiento de información en bruto, la memoria, es vital para las funciones que entendemos como inteligencia. Sus partidarios abogan por la enseñanza que potencia la capacidad de retención, y en diversas épocas han deplorado invenciones como la escritura o la imprenta, que iban a degradar la inteligencia humana al permitir o fomentar el almacenamiento externo de información; para los abogados de la memoria la escritura era una tragedia, ya que al acabar con la necesidad de memorizar largos textos acabó con la tradición del bardo, disminuyendo la necesidad de la rima y cambiando la creación para siempre. La Odisea, el libro, es para estos defensores de la memoria una traición a la más antigua arte humana: la del contador de historias. La imprenta, al aumentar el número de los libros, no hizo más que rematar la tradición oral, y con ella, la inteligencia. Para los memoricistas, la mente murió con la escritura, y Google es el demonio hecho realidad.
Pero hay otra forma de concebir la inteligencia, no como la capacidad de almacenar datos, sino como la posibilidad de relacionarlos entre sí. Esta visión privilegia las conducciones sobre los depósitos; la conexión de información dispersa sobre su almacenamiento. Utilizando los libros como palanca, la inteligencia conectiva cambia el énfasis y considera más importante las relaciones que el acopio, la conectividad que la memoria. Desde este punto de vista los libros, los ordenadores u otros almacenes extracraneales de información que seamos capaces de inventar en el futuro no limitan la inteligencia, sino que la liberan al eliminar la necesidad de gastar neuronas en el simple acopio de datos. Los conectivistas (entre los que estaban los creadores conceptuales y físicos de Internet) piensan que estas invenciones nos hacen más, no menos, inteligentes, y que Google es una etapa más en la evolución de las herramientas que nos permitirán alcanzar niveles nunca soñados de conocimiento, gracias a la liberación del espacio reservado a la memoria para hacerlo disponible a la conexión. Ya que, en última instancia, comprender algo no es recordarlo, sino relacionarlo con todo lo demás. La inteligencia es conexión, y el estallido exponencial que se ha producido en nuestro pasado desde la invención de la escritura y la imprenta así lo demuestran. Google no es una amenaza a la inteligencia: es la semilla de una mente mejor.
Es curioso: la misma Europa que considera sacrosantas las libertades económicas y es un adalid del liberalismo comercial se siente preocupada, frustrada y cariacontecida cuando de la libertad que hablamos es la de expresión. Una empresa debe ser libre para vender sus productos a todo lo ancho y lo largo de la Unión, pero si se trata de que una persona escriba lo que desee para que lo lea quien quiera, entonces surgen problemas. Y problemas en abundancia tal que hay que resolverlos por la vía legislativa, aunque semejante empeño sea absurdo, patético y fútil. Exceso de información (¿respecto a qué? ¿quién mide cuánta información es demasiada?), ausencia de ética periodística (¿es obligatoria en gente que no es periodista?) y preocupación por la privacidad (¿para lo cual quieren crear un censo?) tienen preocupadísima a la Eurocámara, que está dispuesta a hacer algo. Como lo único que sabe hacer son normas, reglas, leyes y obligaciones, pues en ello está. Y para proteger a los ciudadanos de los ciudadanos que escriben, ya se habla de censos voluntarios, de regulaciones no obligatorias, de identificadores digitales... exactamente del tipo de creaciones burocráticas que se eliminan, cuando de lo que se trata es de comerciar en Europa. Parece que hay miedo a la libertad, o al menos a ciertas libertades; todas las que no tengan que ver con el euro.
La propuesta es ignorante, porque desconoce la situación real de la Red; arrogante, porque atribuye a las instituciones europeas el derecho a regular comportamientos individuales, sospechosa, porque defiende (casualmente) intereses de empresas estrechamente asociadas con los políticos (los medios de comunicación). Y sobre todo es colosalmente estúpida, porque la Unión carece de cualquier método efectivo de hacerla cumplir. ¿Qué ocurrirá con los bloggers europeos que utilicen sistemas de publicación situados fuera de la Unión? ¿Quién tomará la decisión de si un post es ético o no? ¿A quién se expedirá ese 'dni' digital, y para qué será necesario? ¿Cuánto tiempo tardarán los bloggers europeos en largarse en masa a servidores australianos, estadounidenses o ucranianos? ¿Hasta dónde llegarán las quejas por el atraso digital europeo cuando esto ocurra? Sólo hay una cosa peor que sacar una ley estúpida, retrógrada y antiliberal; y es que además sea también imposible de hacer cumplir, de tal modo que convierta la misma idea de la legislación en un hazmerreír. Y eso es lo que es esta propuesta, aunque preocupante por sus tendencias autoritarias: un hazmerreír indigno de Europa.
Signo de Prohibido Prohibir de Helios Martínez Domínguez.
Los profesores están preocupados ante la plaga de descarado plagio en trabajos y ejercicios por parte de sus alumnos. Los jóvenes, versados en el uso de la Red, utilizan los (abundantes) recursos a su disposición para ahorrarse al máximo el trabajo de hacer los deberes, y los profesores (mucho menos hábiles en el uso de la Red) son incapaces de detectarlo. Aunque esto no es más que un aviso de lo que vendrá. Porque el problema no es ya el desequilibrio patente entre las habilidades internautas de unos y otros, sino que el modelo mismo de educación entra en crisis con la llegada de Internet. Las clases magistrales, con un maestro omnisciente impartiendo doctrina y un alumno respetuoso recibiéndola, nacieron cuando la imprenta no existía. Lo que se enseña hoy y cómo se enseña debe transformarse radicalmente para adaptarse a la existencia de Internet: un depósito que contiene virtualmente todos los datos. Los parches, como educar a los profesores en el uso de la Red, no bastarán: hace falta repensar el modelo educativo. A estas alturas del milenio poner deberes que se puedan copiar es un atraso.
El mundo está lleno de delincuentes informáticos capaces de provocar las mayores desgracias, a distancia y de forma indetectable; la ciberdelincuencia, el ciberterrorismo y la ciberguerra suponen una terrible amenaza a la civilización. O eso es lo que a algunos les interesaría que usted piense; casi siempre, empresas especializadas en seguridad y departamentos gubernamentales con mucha necesidad de enemigos que justifiquen su financiación. Añada una prensa crédula incapaz de cuestionar las más flagrantes exageraciones (por no llamarlas mentiras), y se obtienen cosas como ésta: una revista estadounidense insinúa que el gran apagón que dejó sin luz la Costa Este de los EE UU en 2003 pudo, tal vez, quizá, ser obra de malvados y profesionales 'hackers' chinos; casi un acto de guerra. Lo cual sería gravísimo, no sólo por el ataque en sí, sino por la terrible posibilidad de que los chinos puedan apagar las luces a voluntad en cualquier parte del mundo. El único problema es que es falso de toda falsedad: ese apagón fue exhaustivamente investigado, y se determinó su causa (una sobrecarga local), que nada tenía que ver con 'crackers' ni con ataques informáticos (aunque sí contribuyó el virus Blaster). A los que dentro de poco acusarán de la muerte de Kennedy, y hasta de César: el caso es crear paranoia y fomentar la tecnofobia. Aunque sea con mentiras.
Una cosa es justificar la necesidad del puesto de trabajo que uno tiene, quizá exagerando un poco la utilidad de nuestros esfuerzos, Y muy otra es sembrar la desconfianza en una infraestructura vital para el futuro mediante irresponsables y descaradas manipulaciones. Cuando la Agencia Europea de Redes y Sistemas de Información (ENISA) avisa de la posibilidad de 'un 11-S electrónico' (traducción, mala, del desacreditado 'Pearl Harbor electrónico' estadounidense) están traspasando la línea que separa el razonable aviso de riesgos a prevenir del alarmismo injustificado y un tanto histérico. Esto no sólo refuerza la tecnofobia de los europeos, ya muy atrasados en este ámbito, sino que degrada la confianza en la agencia y su labor. ¿Es conveniente dejar la seguridad de la tecnología en manos de solapados tecnófobos que sólo son capaces de profetizar desgracias?
Es muy probable que las cifras citadas por la agencia sean ciertas, pero también son irrelevantes; lo cierto es que nadie, nunca, jamás, ha conseguido hacer daño a otra persona utilizando la Red, lo cual convierte la comparación de un 'ataque' cibernético con un terrible atentado terrorista en una burla cruel. Lo único que han conseguido los presuntos 'ataques ciberterroristas' o las 'ciberguerras' es incordiar, tal vez a escala masiva, pero sin riesgo para la salud de la gente, y ni siquiera con gran daño económico. Llamar 'ciberguerra', o 'ciberterrorismo' a los ataques de denegación de servicio o a los problemas para acceder a un banco online forma parte de la misma venerable tradición tecnófoba que transforma en peligrosos 'crackers' a chavales que cambian páginas web. La ignorancia de quienes identifican pequeñas amenazas y gamberradas con peligrosísimos crímenes que deben ser drásticamente castigados podría excusarse, pero la mala voluntad no. Porque estas exageraciones tienen consecuencias: el atraso de Europa (y especialmente de España) en la Red es real , y los temores infundados de la gente también. Atizar irresponsablemente esos rumores, contribuyendo de modo oficial a una tecnofobia que es una amenaza para nuestro futuro, es peor que malvado: es estúpido. Las agencias europeas no debieran insultar la inteligencia de los europeos que les dan de comer.
Es del dominio público que el cuerpo y la mente están conectados, y que el buen ánimo y el mejor humor mejoran la actividad del sistema inmunitario y nos protegen de enfermedades. Así que puede suponerse que la práctica del blog , que permite a no pocos iracundos expresar y expulsar su mala leche, debería ser terapéutica. Lo curioso es que esas propiedades curativas han resultado ser médicamente comprobables. Según un reciente estudio publicado en una revista científica y comentado en Scientific American, la escritura creativa mejora el estado físico de pacientes de SIDA y cáncer, y acelera la recuperación de operaciones quirúrgicas. Es decir, que expresar los sentimientos y emociones más íntimas sin tapujos, al estilo común en Internet, cura. No hablamos de sensaciones subjetivas de mejoría, sino de periodos de hospitalización más cortos tras una cirugía, mejoras de la memoria y el sueño e incluso cargas virales reducidas en pacientes infectados por el VIH. Si antes teníamos buenas razones para bloguear, como dar a conocer al universo nuestras importantes emociones y vitales conocimientos, ahora podemos esgrimir una razón todavía mejor: escribimos un blog por razones médicas. ¿Lo recetará alguna vez el médico de cabecera?
¿Qué define hoy en día a un estado? Las fronteras, la capacidad de emitir moneda y de tener representación internacional y la fuerza militar capaz de controlar un territorio definido han sido tradicionalmente las características definitorias de un estado. Pero en la Era Digital todo eso puede ser de importancia secundaria; al fin y al cabo una entidad que carece de todo ello como Al Qaeda ha sido capaz de retar a la única hiperpotencia, y de influir de modo decisivo en la política mundial. Sin embargo hay algo que se está convirtiendo rápidamente en una marca fundamental de cualquier entidad con aspiraciones geoestatrégicas, y es el control de las comunicaciones. Como no ha podido dejar más claro el último conflicto en Líbano entre Hezbolá y el gobierno oficial del país, que empezó como una escaramuza por el control de la extensa red de comunicaciones del grupo armado chií. Antes que ceder sus comunicaciones, Hezbolá procedió a atacar al gobierno libanés. Ha sido la primera guerra del teléfono. Pero no será la última. Y, según los analistas, Hezbolá la ha ganado.
La causa del enfrentamiento ha sido el intento del gobierno de Fuad Siniora de eliminar uno de los principales nodos de comunicaciones de la red de fibra óptica tendida por Hezbolá en el territorio que controla (y en zonas que aparentemente no son suyas). En concreto una serie de cámaras de vigilancia automática conectadas a este nodo y que controlaban el Aeropuerto Internacional de Beirut fueron el detonante de una confrontación militar. Con ella la milicia chií ha demostrado que considera su red de comunicaciones y vigilancia como un recurso clave, que está dispuesta a defender manu militari. Y es que la organización libanesa pretende ser un estado dentro del estado, y las comunicaciones son hoy la columna vertebral de la soberanía. Y no en el mundo virtual, sino en el real. Veremos más conflictos relacionados con el control de las comunicaciones, uno de los requisitos vitales de los estados futuros.
Corregida errata el 10/6/2008 con mis disculpas; gracias, Adso de Melk poco hecho.
Hay gente, y empresas, que están tan convencidos de ser perfectos o tan poco seguros de sí mismos que temen la llegada de competencia a su campo, aunque esa llegada sea un indicador de la pujanza de su propio sector. En Internet, en cambio, estamos siempre genuinamente encantados de recibir nuevos competidores, porque somos tan pocos y queda tanto por hacer e inventar que cuantas más manos (y mentes), mejor. Sólo por eso merecería saludar con alborozo la tardía llegada de RTVE.es al panorama español de la Red; una llegada que elimina una anomalía, al incorporar a uno de los principales grupos de comunicación nacionales a Internet. Pero es que además RTVE.es nace bien, con un excelente equipo, un gran producto informativo y muy buenas ideas, lo cual nos obligará a todos a mejorar. La Internet en español es mejor hoy que ayer, y con todos los nuevos proyectos que van entrando en funcionamiento, sin duda será mejor mañana. Bienvenidos, compañeros y sin embargo temibles rivales profesionales; vuestra llegada son buenas noticias para todos.
Microsoft insiste en tener tratos con Yahoo!, tras ver rechazada su oferta de compra por pagar poco. Ahora quiere un acuerdo de colaboración, cualquier cosa para que el gigante de Redmond reduzca su dependencia de los ordenadores de sobremesa. Queda claro por dónde van los tiros del futuro: servicios y almacenamiento remoto de información, financiados por publicidad altamente selectiva y muy eficaz, tanto para el anunciante como para el usuario. La actual pujanza de los ultraportátiles, los iPod, diversos modelos de agenda electrónica y otros aparatos conectados demuestra que el futuro de la conectividad no pasa necesariamente por el PC, sino por una combinación de muchos artilugios diferentes unificados por el almacenamiento remoto de datos vía Internet. Es el modelo del llamado 'PC Tonto', y Microsoft pinta poco en este futuro; de ahí su empeño en aliarse con Yahoo!. Paradójicamente si lo consigue será porque Yahoo! es también un segundón en este mercado, muy por detrás de Google. Para ambas compañías, el futuro está nublado; es casi imposible que la suma de dos errores proporcione un acierto.
Vale que es una fiesta cuya mera existencia es la confesión de un pequeño fracaso. Vale que este tipo de celebraciones oficiales tienen siempre un cierto aire mustio, como de polvorienta oficina, y mecánico, como de obligatoria campaña política. Vale que el efecto real de estos fastos es tan leve como para cuestionarse su necesidad. Pero entre poner en duda la efectividad del Día de Internet y la forma como lo ha celebrado la policía española hay un mundo. Porque el modo como las fuerzas policiales han realizado la detención de un grupo de 'crackers' informáticos, precisamente en el día de Internet, y sobre todo el modo como lo han presentado (consiguiendo un impacto global), no es que sea simplemente torpe e insensible: es que bordea el sabotaje deliberado. Mientras instancias oficiales se dedicaban a intentar convencer a la ciudadanía de las bondades y utilidades de Internet, otra rama de esa misma administración ha decidido recordarnos a todos que la Red es un lugar peligroso y oscuro en el que acechan peligros sin cuento y en el que nuestra seguridad ha de ser celosamente protegida por guardianes armados. Si esto no es un sabotaje a propósito, se le parece mucho.
La policía española no tiene ninguna justificación para el escándalo que ha montado y la forma como ha presentado el asunto a los medios. Medios que, por su parte, se han tragado sin pestañear ni cuestionarse ni lo más básico la nota informativa de la fuerza pública. Nadie ha recordado que en España muchas detenciones previas, de similares características e igual escándalo mediático, han acabado en agua de borrajas en los tribunales; bien por inexistencia del delito, bien por incapacidad de las fuerzas policiales de demostrar sus acusaciones ante un juez. Pero es que incluso si esta vez se demostrara que los detenidos son culpables de lo que se les acusa, la policía habría exagerado. Porque lo que habría cometido ese grupo de 'peligrosos criminales', dos de ellos de 16 años de edad, es el equivalente informático en gravedad a una pintada en una pared. La nota policial, y su difusión, han convertido a un grupo de gamberros informáticos en poco menos que una banda de mafiosos internacional. Y nos ha recordado a todos, para que no se nos olvide, el temible Lado Oscuro de la Red.
Estos terribles 'delitos', según afirma la propia policía, consisten en violar la (con toda probabilidad irrisoria) seguridad de centenares o miles de páginas web, oficiales y particulares, para reemplazar sus textos por burlas. No han agredido a nadie. No han robado nada. No han hecho más que dejar patente, para que todo el mundo lo entienda, la falta de una mínima seriedad en multitud de páginas publicadas en la Red. Sí, lo que han hecho está mal; como está mal entrar en una casa ajena simplemente porque su dueño se deja abierta la ventana. Como está mal pintarrajear un vagón de metro o una pared recién pintada. Si se confirman los hechos, el grupo de jovenzuelos son sin duda unos gamberros que se merecen un castigo. Pero ¿peligrosos criminales internacionales? ¿Simplemente porque han dejado en ridículo a un puñado de gobiernos, algunas empresas y un partido político español (Izquierda Unida)? La ignorancia de nuestros políticos, la excesiva dureza de unas leyes desmedidas, el valor propagandístico de publicitar este tipo de operaciones aunque dentro de unos años las acusaciones sean desestimadas en un juicio, el completo desconocimiento por parte de la prensa y el general rechazo a la tecnología que se respira en la sociedad española conspiran para convertir en criminales a un grupo de chavales que debiera ser tratado como lo que son: poco más que gamberros. Y esto lo hace la policía española, deliberadamente en el Día de Internet, a instancias de la denuncia de un partido que se dice defensor de las libertades. Desde luego, la policía española no fomenta mucho el uso de la Red, pero sí que sabe expresar lo que es la ironía. Aviados estamos.
Gracias a la atenta vigilancia de Cory Doctorow desde BoingBoing descubrimos que el muerto que más veces ha sido matado en la historia de la legislación europea amenaza con regresar. Una vez más, y son incontables ya, se está intentando colar en la legislación europea las patentes de software, de matute y por la puerta falsa. Sí, las mismas patentes de software que han causado incontables problemas en donde existen; las mismas patentes de software que han sido torticeramente utilizadas para silenciar e intimidar a rivales comerciales; las mismas patentes de software que sólo favorecen a las grandes empresas multinacionales enzarzadas en estrategias de disuasión de tierra quemada. Pero, sobre todo, las mismas patentes de software que han sido rechazadas varias veces ya en distintos niveles del Parlamento y la burocracia europeas, en lo que supone un verdadero insulto al proceso democrático y a la inteligencia de la ciudadanía. ¿Es que los abogados de esta degenerada forma de propiedad industrial no tienen pudor ninguno? ¿Es que los políticos europeos carecen de sentido de la autopreservación?
Pero, sobre todo, ¿es que son completamente estúpidos? El intento de resucitar de estrangis las patentes de software en Europa resulta particularmente estúpido y patético ahora, cuando los innumerables problemas prácticos y legales que han provocado en la industria estadounidense han acabado por movilizar a las empresas y no sólo a los activistas, hasta el punto de que la mera idea de patentar 'software' o modelos de negocio está en serio proceso de revisión y es probable que resulten anuladas pronto. No se trata sólo de que decisiones individuales sean revocadas, o que haya problemas (que los hay) con la legalidad de miles de patentes estadounidenses por un descuido de procedimiento. No: la Corte de Apelaciones del Circuito Federal de Washington está examinando In re: Bilski, un caso concreto que generará jurisprudencia y que podría anular, o sustancialmente remodelar, la decisión judicial de 1998 que permitió que se patenten tanto modelos de negocio como programas. En otras palabras: ahora que los Estados Unidos están recuperando el juicio e intentan anular un error que les ha salido carísimo, Europa quiere repetirlo, burlándose además de la voluntad de sus ciudadanos y de las nefastas consecuencias que puede tener para su propia economía. Si éste es el nivel de inteligencia de la Unión, si de esta manera trata la voluntad de sus ciudadanos, no es de extrañar el auge del euroescepticismo. ¿No se le caerá a nadie la cara de vergüenza?
Imagen de Vampiro de David de la Luz, tomada de Wikimedia Commons.
Archivo de En La Red